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Vacío

Plenilunio

Las luces se apagan, mi psique empieza a funcionar. Me fijo en las luces que atraviesan la ventana, la Luna ilumina media habitación y proyecta una horrible sombra, lo que con las luces encendidas no es más que una camiseta oscura sobre un sillón es transformado en la amenazante silueta de una alimaña.

Mientras clavo mis ojos en la bestia nocturna que me acecha, mi corazón palpita y mi cerebro no deja de discurrir. Por mi mente pasa todo aquello a lo que temo, se agarrotan mis manos y no acierto a articular palabra, el horror me embarga. Se acerca hacia mí, lenta pero irremisiblemente, el miedo deja paso a una sensación más tenebrosa, miles de recuerdos ingratos pasan por mi cabeza…

La oscuridad empieza a rodearme, mi pecho pesa como el plomo y me cuesta respirar, puedo notar la respiración de aquel ser en los pies de la cama, sin embargo, no soy capaz de articular palabra, la tristeza impide que exclame un alarido a mi compañera, la cual yace conmigo.

Una lagrima cruza mi mejilla, recuerdo a aquellos amigos que fallecieron, aquellos fracasos amorosos o aquellas desgracias familiares… ¿qué será de mí? ¿formaré parte de la nada? Poco importa ya, noto en mi cuello el cálido hálito de aquel ser que trepa por mi cuerpo, hasta mi cabeza, en breves segundos dejaré de existir ¿qué dirá ella cuando encuentre mi cuerpo? ¿llorarán mis padres mi muerte?… simplemente moraré la oscuridad…

Súbitamente, el ruido del móvil me hace abrir los ojos, estoy frente a la pantalla del PC, mi gata clava sus ojos en los míos… ha sido un sueño… ¿verdad? Sin embargo, ¿por qué me siento vacío como si hubieran devorado mi alma?

Tiempo

El tiempo abre brechas profundas, angostas fallas capaces de abocar al olvido. Aquellas relaciones que una vez se prometieron indisolubles, son marchitadas y podridas con el devenir de los días. Amistades fuertes como secuoyas acaban haciéndose quebradizas e, irremisiblemente, mueren y se esparcen como ceniza que se lleva el viento.

Un año me ha hecho ver tal y cómo es el tiempo, aquellos que una vez dijeron llamarse colegas o amigos… meras alimañas, han demostrado en 365 días como se puede erigir un muro de indiferencia, ladrillo a ladrillo a base de decepciones y desplantes.

A pesar de fingir frialdad absoluta, no puedo evitar acordarme de las canciones de Platero y Extremoduro mientras reíamos y bebíamos, aquellos tiempos de anarquía y cerveza fría recién pasada la primera quincena de mis días. El tiempo se ha encargado de dividir y, finalmente, vencer.

Paseos por la playa, risas y llantos, el primer amor, el primer polvo, la primera borrachera y decenas de barbacoas… todo se lo ha llevado el tiempo. Aunque, siempre quedarán prisioneras en mi mente, al menos quedará el recuerdo.

Maldito tiempo que todo lo borras…. maldito seas…

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